Opinión

Opinión || Aclamando a Duarte y emulando a Trujillo

Por Evaristy Jiménez

La sociedad dominicana pasa por la situación que viven otras sociedades que tienen comportamientos díscolos al momento de actuar y eso se debe a que en el caso nuestro no hemos comprendido bien los términos concretos de la construcción social.

Todo en este fenómeno de la sociedad es construido en base a percepciones. Los hombres quieren siempre vivir mejor y tener algún parámetro para accionar en base a principios y valores que figuras de X o Y sociedad van poniendo de manifiesto.

En la edad media el parámetro religioso fue el estatus quo de aquel episodio que se vivió en la parte occidental del imperio Romano con sus vestigio que están dando remolinos al día de hoy, eso ponía en cada familia a que algunos de los hijos varones se tenían que ordenar al santo oficio para poder escalar socialmente.

Esa forma, siguió luego de la edad media al punto que los valores del renacimiento cambiaron esos patrones por otros y la burguesía inició su camino de tomar poder en la sociedad y de alguna manera cambiar las reglas de juego del poder y de esa forma hasta llegar a nuestros días.

En la República Dominicana, el asunto es de igual forma desde la fundación del Estado con Núñez de Cáceres hasta la consolidación con Duarte y los trinitarios, el pueblo tiene un dilema social de su comportamiento, eso esta muy claro en cada etapa que hemos vivido como sociedad organizada, para nadie es un secreto que la figura cimera del Estado nación de la República Dominicana es Juan Pablo Duarte y que la figura que más gravita desde su llegada al poder en 1930 hasta el día de hoy es Trujillo.

Eso hace que la sociedad se vea en un espejo en el cual es complicado mirarse, ya que desde la llegada del dictador la clase política aborrece a su figura en el sentido que es instrumentalizado como lo que no debemos ser, pero al mismo tiempo es la única forma que encuentran los inquilinos del poder para actuar y ejercer sus funciones desconociendo los valores democráticos al momento de ejercer el poder que es el respeto a la norma como guía indispensable de vivir en sociedad.

Mientras que en ese mismo espejo esa clase política al verse se encuentra en el dilema Duartiano en el sentido de instrumentalizar un discurso del bien común y de la igualdad entre cada uno de nosotros y el respeto al bien decir y al bien hacer, hasta el punto que hacemos leyes y constituciones al nivel más idealista, casi al punto de llegar a la utopía.

Pero qué será lo que nos transforma al momento de llegar al poder, que nos hace cambiar de parecer de lo que decimos en oposición, ojo eso vale para todos para los que han estado, los que están y los que en algún momento piensan llegar por cualquier vía en nuestro país, la verdad es que no se puede mantener algunos compromisos de campaña por razones muy claras las variaciones que nos presentan los momentos y eso vale para todos y para todo por un asunto muy elemental las circunstancias casi siempre son otras y al momento de aplicar eso que pensamos si lo hacemos corremos el riesgo de fracasar doblemente por el hecho de cumplir algo que ya no es posible hacerlo.

Ahora bien los principios inmutables de los valores de Duarte pueden ser aplicados siempre con una probabilidad de éxito bien alta, en cambio la mayoría de acciones trujillistas corren siempre con el riesgo de sucumbir en el camino.

La sociedad dominicana esta en un punto crucial de su existencia como nación y es sumamente importante que todos los litorales políticos, ideológicos y sociales tengan esto en cuenta lo que vamos construyendo como sociedad es nuestra responsabilidad saber que tipo de sociedad queremos y que clase política necesitamos.

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